jueves, 26 de febrero de 2015

¿Cuba: llegó el Zohar?




 Por Dr. Néstor García Iturbe*
Rosa C Báez para CubaCoraje


Para mi llegó el Zohar, aunque es posible que hace algún tiempo ya se encontrara en la Habana.

Esta es una nueva forma de diversionismo ideológico que se está desarrollando tratando de ganar adeptos dentro de nuestros jóvenes. Es un tipo de meditación, que según plantean sus seguidores, con su fuerza puede hacer borrar lo oscuro y lograr la iluminación. Los que hablan de esto como es natural plantean que lo oscuro es la situación que existe en Cuba y la iluminación un nuevo sistema para nuestro país.

Un grupo de promulgadores del Zohar están en la ciudad de la Habana, quizás también están en otras ciudades, al menos los que se dirigieron a mi eran jóvenes mexicanos que habían venido a visitar nuestra patria, pero el interés principal era el repartir los “libritos” donde se explica que es el Zohar y como pude alguien unirse al mismo.

Es significativo que el reparto de “libritos” lo estaban haciendo en el exterior de una escuela de pre universitario. Los jóvenes mexicanos explicándole a los jóvenes cubanos como podían hacerse seguidores de este tipo de pensamiento y los beneficios que esto les traería.

Según el propio “librito” el Zohar es promulgado por el Kabbalah Center International Inc., cuyo centro principal está en el 1100 Robertson Blvd., Los Ángeles California, además tienen filiales en Tel Aviv, New York y Miami. El Director es Rav Berg y el “librito” que están repartiendo fue impreso en China.

Si analizamos un poco la información que ofrece el propio librito, esto es una sociedad anónima, debido a la inclusión en su nombre de la palabra Inc., por lo tanto no es una institución no lucrativa, ni una fundación, y menos al parecer una institución religiosa.

Por los lugares donde tiene oficinas, nos llama la atención Tel Aviv, lo cual debe estar autorizado por las autoridades israelitas, el Centro de Miami y la presencia de los mexicanos en Cuba nos deja pensar que esta es una acción organizada por dicho Centro para buscar miembros entre los jóvenes cubanos. Que el “librito” esté impreso en China, lo atribuyo a buscar sea lo más barato posible, para poderlo regalar.

Pudiéramos incluir en el análisis la palabra Kabbalah, pero de acuerdo con la historia de nuestro país, la asociaría a la charada, lo cual creo que no tiene nada que ver con el asunto. Sin embargo debe estar relacionada con la explicación que los judíos le dan al sentido de los libros del Antiguo Testamento. Nuevamente aparecen los israelitas en esto.

¿Cómo pudieron pasar los libritos por nuestra aduana? ¿Será que alguna de las representaciones diplomáticas acreditadas en Cuba los trajo para entregárselos a los jóvenes mexicanos? Esas son interrogantes que deben ser contestadas por las autoridades correspondientes, pero el hecho real es que los famosos “libritos” están circulando en la Habana y quizás en otras ciudades del país.

Siempre recuerdo una mañana en que se presentaron en la Misión de Cuba ante las Naciones Unidas un pequeño grupo de jóvenes estadounidenses, todos correctamente vestidos con saco y corbata, blancos, rubios, de ojos azules, a los cuales atendí. El interés era llevar a Cuba un grupo de aproximadamente 300 de sus seguidores para distribuirlos por todas las ciudades de la isla, a una hora específica todos comenzarían a meditar y mediante ese ejercicio, resolverían los problemas de Cuba. Ellos se pagarían todos los gastos, nosotros solamente teníamos que darles las visas correspondientes.

Les expresé lo importante que consideraba el poder realizar eso y sobre todo, si ayudaba a solucionar los problemas de Cuba. Enviaría la propuesta del viaje a la Habana, pero para hacer eso, necesitaba una prueba de que el asunto funcionaría.

Como ellos eran estadounidenses y conocían los problemas del país, yo les propuse hacer una prueba en Harlem, vernos al siguiente domingo, a las doce del día en la calle 125 y Park Avenue, en el centro del barrio. Ellos se distribuirían por todo el vecindario, harían la meditación correspondiente y al resolverse los problemas de los residentes del barrio, yo tendría una prueba irrefutable de que el sistema funcionaba y podía hacer la propuesta a la Habana.

Los esperé hasta las doce y cuarto, pero nadie apareció.

*Cubano, Doctor en Ciencias Históricas. Miembro del Consejo Asesor y del Consejo Científico del Instituto Superior de Relaciones Internacionales; Editor del Boletín Informativo El Heraldo.

El mérito no es otro que haber cumplido con nuestro deber

Gracias a los CINCO por permitirnos compartir la trinchera que enaltecen.

Intervención de Gerardo Hernández Nordelo, en el acto por el aniversario 120 del reinicio de la Guerra de Independencia y de condecoración a los Cinco Héroes, en el Palacio de Convenciones, el 24 de febrero del 2015, “Año 57 de la Revolución”

 (Versiones Taquigráficas-Con­se­­jo de Estado)

Querido compañero General de Ejército Raúl Castro Ruz, Pre­si­den­te de los Consejos de Estado y de Ministros;
Compañeras y compañeros:
Honrar a las cubanas y cubanos que un día como hoy, hace 120 años, decidieron retomar las ar­mas para luchar por la independencia de la patria, es la mejor manera de recibir el Título Ho­norífico de “Héroe de la República de Cuba” que generosamente se nos otorga a cinco cubanos de estos tiempos cuyo mérito no es otro que haber cumplido con nuestro deber.
José Martí, alma de aquel levantamiento nacional del 24 de febrero de 1895, sentenció que la capacidad para ser héroe se mide por el respeto que se tributa a quienes lo han sido.  Por ello, en un día como hoy, nuestro primer pensamiento es de gratitud y fidelidad hacia todos los que a lo largo de la historia, con su sacrificio, han hecho posible que vivamos en una Cuba socialista, revolucionaria y victoriosa, conscientes de que corresponde a nuestra generación, y a las que nos siguen, defender la continuidad de esta obra, los sueños y los ideales de nuestros libertadores.
El primer pensamiento de Los Cinco en este día  ha de ser para un hombre cuyo liderazgo y visión estratégica fueron decisivos en la batalla que condujo a nuestra liberación, y quien con su ejemplo nos inculcó siempre el espíritu de lu­cha, resistencia y sacrificio. Un hom­­­bre que nos enseñó que la palabra rendición no existe en el diccionario de un revolucionario, y que des­de muy temprano aseguró a todos los cubanos que Los Cinco regresaríamos a la patria. Coman­dante en Jefe:  esta condecoración que hoy con orgullo recibimos, es también suya (Aplau­sos).
A nuestro General de Ejército Raúl Castro, quien no descansó hasta cumplir lo que Fidel había prometido, y a las compañeras y compañeros que como él llevan ya en sus pechos esta honrosa estrella, y fueron siempre un ejemplo para Los Cinco, les decimos que esta condecoración es también de ustedes (Aplausos).
Al pueblo cubano que hizo suya la causa de Los Cinco, y que aún hoy no deja de alentarnos con sus muestras de apoyo y de cariño; a la dirección del Partido y del Go­bierno de nuestro país; a las organizaciones de masas, ins­tituciones, abogados, religiosos, personalidades y gobiernos de otros países que se solidarizaron con nuestra causa: esta condecoración es también de ustedes (Aplau­sos).
Agradecemos también a los hermanos de todo el mundo que lu­charon codo a codo durante más de 16 años de batallas legales y políticas, y les decimos que esta condecoración es también de to­dos ustedes (Aplausos).
A nuestros familiares, que lu­charon, sufrieron y resistieron con firmeza durante tantos años, y a todas las personas que merecieron ver este día, y que ya no están en­tre nosotros: esta condecoración es también de ustedes (Aplau­sos).
A los héroes y heroínas sin rostros que nunca podrán recibir un homenaje público como este, pero que dedicaron, dedican, o dedicarán mañana sus vidas a la defensa de la patria desde anónimas trincheras: sepan, dondequiera que estén, que esta condecoración es también de ustedes (Aplausos).
Este honor que recibimos hoy, es a la vez un reto que nos exige es­tar a la altura de los nuevos desa­fíos que enfrenta la Revolución.  No pocas veces, desde nuestro re­greso, se nos han acercado compatriotas para expresarnos que les hu­biera gustado tener la oportunidad que tuvimos Los Cinco de proteger a nuestro pueblo de agresiones. A ellos y a todos los patriotas cubanos, les decimos que nues­tra misión no ha terminado, y que pueden sumarse.
La actualización de nuestro mo­delo económico en aras de lograr un socialismo más eficiente, próspero y sustentable, así como el pro­ceso de restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos, conforman una coyuntura de cam­­bios que demanda de todos no­sotros actuar con inteligencia, pro­fe­sio­na­lismo, compromiso y firmeza, para identificar y enfrentar los nuevos retos y nuevos peligros que se avecinan. Hay y habrá muchas maneras de defender a Cuba, y Cuba necesitará siempre de hijos leales que velen por ella. Es por eso que nos alienta saber que en el seno de este pueblo revolucionario hay muchos “Cinco” dispuestos a sa­cri­ficarlo todo por su patria.
Junto a Ramón, René, Fernando y Antonio, recibimos con orgullo y gratitud este alto honor que la pa­tria nos confiere. Cuente la pa­tria con estos cinco soldados que hoy, ante todo nuestro pueblo, reafirmamos el compromiso de servirle has­ta el último de nuestros días, y de ser siempre fieles a las ideas de Mar­tí, del Che, de Fidel, y de Raúl.

¡Muchas gracias! (Aplausos.)


miércoles, 25 de febrero de 2015

Las guerras de Artemisa


El remolino de la Feria del Libro en La Habana  ha pasado y comienza la hora de la lectura en calma. Es ahora cuando no puede dejarse para más tarde la lectura de un modesto volumen en su factura impresa, pero que resulta uno de los libros más espléndidos presentados por Arte y Literatura: Las guerras de Artemisa. Del autor español Andrés Sorel, esta obra indispensable, en primer lugar, está escrita con belleza en el lenguaje y la forma. Es de los libros que uno no puede desprenderse desde el momento en que lo comienza a leer. Para los cubanos se suma un interés particular y es que la trama, su contenido, se refiere a uno de los hechos más crueles y complejos de la Guerra de Independencia.
Valeriano Weyler y Nicolau, nacido en Palma de Mallorca, dijo que él, como militar, asumía la Gobernación de la Isla, que parecía perderse para España, y que terminaría con esa contienda. Y Weyler resultó, con las tropas que debían responderle, el “genio” terrorista más cruel del siglo XIX. No poco se ha escrito de la “reconcentración de Weyler”, pero Las guerras de Artemisa es un lienzo impresionante porque la escritura de Andrés Sorel (Es­paña, 1934), narrador cervantino, ha pintado de tal modo, que tanto hechos como protagonistas parecen salidos del pincel de un artista, o de la magia del cine.
Artemisa es el principal escenario de su trama. ¿Qué estamos leyendo? Podemos preguntarnos: ¿Una ficción o es realidad? En la mente de los actores pasan una tras otra las pesadillas del horror. Son ellos los que hablan, actúan y parecen arrepentirse de tanto crimen contra la humanidad: la reconcentración, hambre, enfermedades y muerte de millares de personas, que es la forma escogida por Valeriano Weyler para terminar con la guerra de Cuba  en corto tiempo.
El autosuficiente criminal se adelantó a Hitler. La prosa de Sorel dice, por ejemplo: “Una boleta, entregada por un furriel de la guarnición a cada reconcentrado, en la que se fijaba con un número su única señal de identidad a partir de ese momento, les servía al llegar a su punto de destino para agruparse en los barracones o edificios aban­donados en que los destinaban sin distinción de edad ni sexo”.
Sorel escribe de la Guerra de Independencia con la que no puede la metrópoli, en la voz de aquellos actores de hace poco más de un siglo.
En su obra hay romance, poesía y obviamente dolor. Pero sobre todo una forma singular en la narrativa. Este gran libro lo es de historia y de letras, donde aparecen reflejadas las víctimas de Weyler que no son solo —aunque los que más— los reconcentrados, sino también muchos de los actores del crimen.
Además el autor, que conoce al dedillo la Guerra Civil Española, no prescinde de esbozarla. Las guerras de Artemisa, en verdad comienza a finales del siglo XIX y va terminando en 1936, “cuando los cipreses no mueven sus hojas. Ni sopla la brisa”. En la pesadilla un protagonista no puede dormir, no sabe con quién habla, tiene fiebre y se pregunta: “¿Existió realmente aquel tiem­po, fue real la guerra (de Weyler). ¿Cuándo estuvo él en Artemisa?… los ojos de los filibusteros acechándolo, sus gritos cuando cargaban el machete… aquella mujer, tan joven, tan hermosa, palpitando su cuerpo como el de una cierva viva herida… hasta el nombre recuerda después de tantos años, Herminia, Herminia”.
Ese es el tono que escogió Sorel, imprescindible escritor español, para Las guerras de Ar­temisa, en su concierto de estilos del narrador, el poeta y ensayista que es.

Un encuentro con… Andrés Soler

El ya tradicional Encuentro con… que conduce Marta Resik durante la celebración de la Feria Internacional del Libro en la sala Nicolás Guillén de La Cabaña tuvo como invitado al escritor español Andrés Soler, autor del libro Las guerras de Artemisa, de la Editorial Arte Literatura, en su colección Orbis y que contó entre el público asistente con la presencia de Fernando Rojas, viceministro de Cultura, y Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro.
La primera pregunta no se hizo esperar y versó sobre por qué apropiarse literariamente del apellido Sorel, a lo que el entrevistado respondió con la mayor naturalidad que se debió a que iba a publicar una novela y le sugirieron que era necesario no hacerlo con el apellido Martínez Sánchez para evitar confusiones. Un día, entre un grupo de amigos algo pasados de copas, le propusieron el de Sorel, porque le encontraban un parecido con el personaje de El rojo y el negro, de Sthendal, y con la condición de que él no tuviera el mismo final, lo aceptó. Desde ese momento lo asumió como su nombre literario: Andrés Soler. Luego contó la anécdota de que cuando lo detuvieron en España, en la prensa  siempre decían que habían detenido al escritor de izquierda, Andrés Martínez Sánchez y a continuación especificaban el alias: Andrés Soler, para que todos supieran de quién se trataba. Su nombre verdadero solo aparece en el pasaporte y en el carné de identidad. También consideró que el escritor tiene que leer mucho y por eso él desde los siete años ha sido un lector compulsivo.
Ante la interrogante "¿de la poesía, nada?", dijo: "fui lector de poesía y como no escribo poesía, lo que hago es narrarla". Su obra, según él, es ensayo, porque el autor siempre le aporta su impronta y su modo ver las cosas, y es poesía por el sentimiento que le impregna. Es de los que piensa que se habla de la corrupción política, de la económica, pero nunca de la corrupción cultural. Le aterra el no pensamiento, que se pierda porque mutilen las palabras y se caiga en un diálogo del silencio. Considera que esta corrupción cultural viene desde el nazismo, y hoy se vive otro tipo de nazismo, por eso se debe "crear un lenguaje que atraviese las rejas", para despertar pensamientos y evitar su muerte.
No podía faltar la pregunta relacionada con Cuba y mucho menos la respuesta inteligente cuando expresó: "Cuando se habla de patria se piensa en himnos, bandera. Lo primordial es buscar una interrelación de los pueblos y sus culturas", y como él pertenece a los que luchan para buscar algo nuevo, vio cómo Cuba se enfrentó a un imperio en 1959 y triunfó, por lo que confesó seguir enamorado de "su gente y su cultura". Sabe que nuestro país puede encontrar su camino "mientras aliente pensamientos e ideales propios para lograr sus propósitos".
El diálogo siguió por los derroteros de la comparación entre Europa y América. Sus criterios fueron categóricos al referirse a que los bancos alemanes, fundamentalmente, están llevando a Europa a un retroceso inmenso, y que se aproximan tiempos convulsos, pero por contraste, "en América se está luchando para que no se extinga el pensamiento".
"¿Por qué no ha perdido la ternura?". Fue una pregunta de Marta Rezik. No la ha perdido por su origen, por su relación con hombres como Saramago, con quien compartió amistad y conversaciones sobre el tema, por no entregarse a los corruptos —los desprecia—, y porque para mantenerse vivo va por el camino de la palabra no prostituida y junto a los humildes. Él sabe que hay autores que viven buscando firmar sus libros; por su parte, él es feliz cuando alguien le escribe para decirle que leyó su libro.
Concluía el Encuentro con… y el poeta Antón Arrufat comenzó la presentación del libro de Soler, Las guerras de Artemisa, una novela que con una prosa cautivadora narra la crueldad de una parte de la historia cubana: la reconcentración de Weyler y los horrores sufridos por los cubanos.
El descubrimiento de ese episodio lo obsesionó, por eso vino a Cuba, a Artemisa, se entrevistó con los pobladores, recorrió lugares donde vivieron los esclavos, campesinos, la población reconcentrada, y, entre La Habana y Madrid la escribió.
“Las voces de blancos y negros; españoles y cubanos entran en la novela» y cuentan los acontecimientos unidas a la del narrador omnisciente.      
"No puede dormir. La pesadilla de las últimas semanas…". Así es como comienza la historia. Ese hombre no es otro que "el anciano" Valeriano Weyler, que no logra encontrar el descanso por esas pesadillas que lo persiguen, y entra en aquel pasado, se orina, toca esa viscosidad que deja la piel mojada, que al decir de Arrufat es uno de los mejores momentos de la historia. Su condición de poeta le impregnó a la presentación una carga lírica, similar a lo expresado por Andrés Sorel cuando dejaba claro que si hay sentimiento en el acto literario hay poesía. Con esa carga habló de los momentos de erotismo, sexo y violaciones sufridas por los personajes, además de los momentos de descripción del paisaje cubano. De nuestra historia.
Desde su propia visión, Sorel fue capaz de acercar nuevamente al lector, decía Antón Arrufat «a un período atroz y casi olvidado.
Andrés Sorel no pudo retrotraerse al influjo de las palabras del presentador, porque descubrió algo más que lo que se propuso al escribir la novela, al decir: "El lenguaje se salva cuando se escribe un texto como el de Antón Arrufat", y humildemente pensó que eso era más importante que si alguien viniera a decirle que había ganado el premio Nobel.
por: Nancy Maestigue Prieto. cubaliteraria.cu

ArTV: punzante en la Feria

En un espacio tan descomunal como la Feria del Libro en San Carlos de la Cabaña, donde se mezclan ventas de toda clase, incluidas las gastronómicas, con miles de seres humanos de todas las edades y diversas naciones, es fácil pasar inadvertido.
Sucede casi siempre con los llamados “escritores de provincia”, con escritores desconocidos (de “provincias” o capitalinos) y hasta con escritores de hondo prestigio literario que, al no tener demasiado perfil mediático, pasan por el lado de los lectores sin que estos sepan dónde radica su importancia.
Para librarnos un poco de esa invisibilidad tan perniciosa en San Carlos de la Cabaña, estuvo presente ArTV, defendida por el talento de dos de sus jóvenes creadores, el periodista Jaime Masó y el camarógrafo Leslie Lister.
Ellos llevaron a la pantalla casera valiosas opiniones de los escritores artemiseños presentes en el lanzamiento de varias de las obras del sello editorial Unicornio, como la investigadora Berta Martínez Páez, la poetisa Lina de Feria y el redactor de estas líneas.
ArTV cuenta con realizadores jóvenes con disposición y lucidez para dar a la cultura y sus cultores en Artemisa el espacio merecido, pues el silenciamiento de los medios nacionales respecto a nuestros escritores no implica falta de calidad ni descuido en los autores de la provincia, sino soberano olvido de quienes prefieren empuñar verbos y cámaras hacia rostros ampliamente reconocidos, en vez de apostar por el misterio de lo ignoto.
En muchas ocasiones, nuestras propuestas literarias superan con creces a las de ciertas figuras “consagradas”. Pero no solo se trata de escritores. Basta mirar la cara de las últimas ediciones del sello editorial Unicornio, impregnadas de un nuevo aliento gracias al aporte de la joven diseñadora Mayví del Toro, y veremos cómo Artemisa ha crecido a pasos agigantados a la hora de darle un rostro fresco y contemporáneo a cada uno de sus libros.
Mientras, una cifra considerable de editoriales del archipiélago dista de vestirse con un perfil novedoso en los diseños de cubierta y los interiores de cada obra. A diferencia de otras ocasiones, en esta cita literaria ArTV sí estuvo presente, no con el periodista de ocasión y desgano que a veces pregunta a los protagonistas de un evento cualquier barrabasada. Esta vez los escritores artemiseños, en medio de esa inmensa marea humana que invade los predios de la fortaleza San Carlos de la Cabaña, encontraron en la televisión de su tierra un espacio inteligente, capaz de dignificar la obra y el autor... y de ponerlo a conversar con los lectores-televidentes más variopintos.

POR MIGUEL TERRY VALDESPINO (www.artemisadiario.cu)

martes, 24 de febrero de 2015

Los 12 trabajos de Alfilerman

El guanajayense José Mojica ya tiene un sitio entre los grandes del ciclismo en el archipiélago. Esta no fue la Vuelta a Cuba tan solo por detalles, como la ausencia de pedalistas foráneos y la no inclusión de los tramos de Baracoa y Pinar del Río, pero eso no le resta méritos al campeón de esta bonita competencia.
No disminuye ni un ápice su hazaña, pues hubo de luchar no solo contra Yennier López, Joel Solenzal, Arnold Alcolea y otros 70 adversarios, sino también contra una persistente gripe e incomprensiones entre su propio equipo, que le hicieron perder la camiseta de líder en Camagüey.
Como el mítico héroe griego, hubo de realizar 12 trabajos (en este caso, 12 etapas). Desde luego, su físico dista mucho del musculoso de Hércules; por eso le llaman Alfilerman, y hasta lo disfruta: sabe que semejante paradoja entraña un reconocimiento a su fuerza y tenacidad.
Fuerza, sí, porque uno de sus trabajos fue vencer la Gran Piedra, en la segunda etapa del clásico de ciclismo Guantánamo-Habana, y destrozó un récord del colombiano Segundo Chaparro, que databa de 1984. Ese día comenzó a confiar en el triunfo: sus dotes de escalador le permitieron dominar la montaña de más de mil metros sobre el nivel del mar. Luego, el octavo trabajo, conquistar Topes de Collantes, confi rmaría cuán cerca estaba de vencer los 12 retos fijados por el dios Cronos.
Justo en el lomerío a 800 metros de altura recuperó el liderazgo de la prueba hasta entrar victorioso en La Habana. En esa fecha llovió; mas, no podía aflojar: seguro recordó cuando no cejaba en llamar la atención del equipo nacional, pese a tener ya 17 años y entrenar con botas toscas sobre su bicicleta.
Hoy Mojica es un hombre feliz… y dispuesto a superar cualquier nuevo desafío.

lunes, 23 de febrero de 2015

El último adiós de su pueblo a Gelasio

De luto estuvo Artemisa. Gelasio Manuel Fernández, uno de los hijos de esta tierra, asaltantes al cuartel Moncada, falleció ayer en horas de la mañana y desde entonces su pueblo, los familiares, compañeros de lucha y dirigentes del Partido y el Gobierno del territorio, acudieron a la casa de los Combatientes de la ciudad que lo vio crecer a darle el último adiós.
En horas de la mañana partió el cortejo fúnebre hacia el Panteón a los Caídos por la Defensa, ubicado en el cementerio municipal. A su paso los pobladores salieron a las calles para rendirle tributo y le acompañaron hasta su última morada.
Su compañero de aquella gesta, Ramón Pez Ferro, significó la lamentable pérdida y dijo que Gelasio se mantendrá vivo en el corazón de su pueblo, porque fue integrante de una generación que arriesgó la vida por conquistar la libertad del pueblo.
Eduardo Cruz Pérez, miembro del Buró Provincial del Partido, recordó a los presentes que Gelasio, procedente de una familia humilde, se vinculó muy joven a la actividad revolucionaria y fue de los que no dudó en seguir a Fidel en la gesta del 26 de Julio.
«Hoy el pueblo, tus compañeros de lucha y amigos, te despiden como lo que siempre fuiste, un joven rebelde, emprendedor y amante de la libertad. Como mismo usted honró al Apóstol en el año de su centenario, las generaciones que recibimos su legado, continuaremos la lucha que de manera modesta, altruista y valiente, nos hace ser la inmensa nación que somos y a estar más que nunca comprometidos con el futuro.»
Gelasio falleció en horas de la mañana de este viernes en Artemisa, a la edad de 88 años, debido a un infarto cerebral, después de varios días en terapia.
Nació el 23 de diciembre de 1926 en la localidad de Pijirigua y desde pequeño tuvo que abandonar los estudios para trabajar y ayudar a su familia. Se incorporó a la generación del Centenario en una célula dirigida por Julito Díaz González y realizaron prácticas de tiro y de comando en la finca Tentativa, La Gloria de Cayajabos, entre otras.
Salió para La Habana el 24 de julio de 1953 junto a un grupo de muchachos y de allí partió hacia Santiago de Cuba, de donde lo trasladaron a la granjita Siboney.
En el cuartel Moncada combatió junto a sus amigos de Artemisa hasta que Fidel ordenó la retirada ante el fracaso del factor sorpresa en las acciones del 26 de julio.
Gelasio después del triunfo de la Revolución fue fundador de los CDR, cumplió todas las tareas orientadas por la organización y se incorporó a las MTT desde su fundación.
José Fernández Ricondo, su único hijo, lo recuerda como un hombre serio, de carácter fuerte. ¨Mi padre fue mi mayor maestro, le agradezco mucho la educación que me brindó, las enseñanzas. Le gustaba leer, mantenerse informado, estaba siempre al tanto de todo lo que sucedía con sus compañeros de lucha¨.
El cadáver está expuesto en la Sala de Historia del Centro de Combatientes de la ciudad cabecera con ofrendas florales de Raúl y Fidel Castro, y será enterrado en el panteón de los caídos por la defensa de la patria del cementerio municipal.
Al morir, Gelasio Fernández ostentaba las medallas por el 50 aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, la de Combatiente de la Lucha Clandestina, las medallas por 30, 40 y 50 años de las FAR y otras condecoraciones y distinciones.
Tomado de www.artemisadiario.cu